En los últimos meses me he visto abocado a visitar, por diferentes circunstancias, varios estudios de artistas de la comarca. No hace mucho estuve acompañando a Isabel Fabero (fantástica artista también) a la casa-museo del pintor pradense José Hinojo. El susodicho nos hizo un recorrido muy interesante por las entrañas de su residencia, donde pudimos admirar su prolífica producción artística. Unos meses más tarde, formé parte de una visita al estudio de mi amigo Pepe Lozano, artista villamartinense. Nada más entrar en su jardín, uno se topa ya con un conjunto de esculturas labradas en piedra. Su estudio es su refugio, y en él se pasa las horas creando verdaderos infinitos. Me encanta su estilo y su visión del arte. La última visita que he hecho a uno de estos lugares fue hace tan solo unas semanas, en Arcos. Patricia Durán, muy amablemente, nos invitó a su estudio-cueva, que comparte con su padre, José Manuel Durán, también artista (¿de tal astilla tal palo, o era al revés?). Qué suerte tener ese patio, esa acogedora cueva y el mirador desde donde un abismo te da la bienvenida.

Cada vez que entro en un estudio de arte, noto cómo se me va disipando la energía. Poseen una especie de gravedad emocional. Esos lugares son especiales, aportan mucho, pero también, a cambio, absorben la energía de quien se atreve a cruzar su frontera. Normalmente, aunque el artista de turno me esté explicando alguna de sus obras, yo me encuentro en ese momento absorto, completamente concentrado, disfrutando de la alegría o sufriendo con el dolor que transmita la obra. Tiene algo de mágico todo eso. Algo casi sagrado. Creo que fue Chagall quien dijo que el arte es un estado del alma.

Para disfrutar completamente de la experiencia, uno tendría que quedarse varios días en esos lugares, a solas con las esculturas, con los dibujos a medio terminar, con las pinturas colgadas en las paredes o apiladas en algún rincón de la estancia. Poder observarlo todo tranquilamente, como se hace con un atardecer o con el cauce de un río. Porque el arte, el de hondura, imita a la naturaleza, y me atrevería a decir que, en ocasiones, la mejora. Kant dijo que el arte es una forma de actividad humana que busca producir placer desinteresado, y yo estoy completamente de acuerdo con Immanuel, porque siempre me gustó ese tipo de placeres. Si a ustedes también les agradan, les animo a que adquieran alguna obra de arte de nuestros artistas locales y comarcales. Tener arte en casa es como tener magia.

Miguel Ángel Rincón

Viva Arcos