Este año se celebra el centenario del nacimiento de Paco Rabal, un actor con mayúsculas que actuó en infinidad de películas y series, algunas de ellas míticas, que ayudaron a engrandecer el cine. Nuestro insigne protagonista recibió multitud de premios, como el de mejor actor en el Festival de Cannes; la Concha de Plata y el Premio Donostia en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, etc. También fue galardonado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, entre otras distinciones.

Mi madre decía que Paco Rabal era el mejor actor español, junto a Fernando Rey y alguno más. Ella, que no tenía estudios universitarios ni entendía demasiado de cine, se dejaba influir en todo momento por lo que le dictaba el corazón, y si lo que veía en el cine, o lo que escuchaba en la radio, o lo que leía en algún libro le llegaba al corazón, es que era bueno. Ese era el caso de Rabal, que, con sus excelentes interpretaciones, casi siempre le llegaba a ese órgano latente. Recuerdo que, cuando anunciaban en la tele alguna película en la que actuaba, lo apuntaba en cualquier papelito para que no se le olvidara. Con ella vi, siendo yo tan solo un niño, Currito de la Cruz, Los santos inocentes («¡Quiá! ¡Quiá! ¡Milana bonita!»), Truhanes o Juncal. Luego, cuando fui más mayor, volví a su obra, revisando todas aquellas películas y otras que aún no había visto, como La colmena, El disputado voto del señor Cayo, Viridiana, Así en el cielo como en la tierra o Goya en Burdeos. Además de actor, Paco Rabal era un gran rapsoda, con aquel vozarrón que tenía (¿recuerdan?), que ponía los vellos de punta. Poemas de Miguel Hernández, Federico García Lorca, Antonio Machado o León Felipe tomaban otra dimensión en su voz grave, en sus expresivos gestos y en su rostro herido por el paso del tiempo.

Paco Rabal, además de un grande del cine a nivel internacional y de un amante de la poesía, también fue un hombre comprometido socialmente: perteneció a Comisiones Obreras y al Partido Comunista de España (tras la caída de la URSS declaró: «Soy comunista y lo digo sin vergüenza»). Ese firme compromiso político le había llevado a sufrir represalias durante la dictadura franquista (en 1963, fue uno de los intelectuales que firmó un manifiesto contra la represión del régimen). Ambos, Paco y su esposa Asunción Balaguer, fueron un ejemplo de coherencia, de humildad y de solidaridad, desprendiéndose de ese halo de egoísmo y superficialidad tan característico en muchos famosos y estrellas de cine.

Miguel Ángel RIncón. Viva Arcos.