Cuando era un niño, todo el que superaba la mayoría de edad era poco menos que un viejo. Me pasó en muchos ámbitos: el familiar, el cinematográfico, el musical. En este último, por ejemplo, grupos como los Rolling Stones me parecían una banda de ancianos, pero luego comprendí que ya quisiera yo moverme con cuarenta y tantos como se mueve Mick Jagger con ochenta y cuatro. Con el paso de los años, uno entiende cómo va esto de la edad. Por cierto, hoy, al fin, me puse a escuchar el nuevo disco de los Stones, Foreign Tongues. Keith Richards vuelve a sonar como antes, con mucho más protagonismo. Los riffs recuperan esa suciedad característica de su estilo, huyendo de lo artificial de algunos discos anteriores. Mick Jagger sigue demostrando que es un cantante extraordinario, con su ironía, con su energía y con una capacidad expresiva que ya quisieran muchos músicos veinteañeros.

Aunque Charlie Watts pasó no hace mucho a mejor vida, Bill Wyman se fue hace bastantes años y Brian Jones pertenece ya a la leyenda, cada disco nuevo parece estar creado por todos y cada uno de ellos. El álbum se abre con “Rough and Twisted”, una canción que conserva ese aroma al blues eléctrico de los Stones más clásicos. Creo que el disco funciona mejor como álbum en su conjunto que por sus singles. Es como la selección española de fútbol, que se fundamenta en la idea de equipo, de colectivo, sin depender del típico líder (Messi, Cristiano, Mbappé...). Podríamos decir que lo nuevo de los Rolling es un disco “horizontal”. Las canciones hablan del paso del tiempo sin caer en la nostalgia fácil. Siguen sonando desafiantes; es como si le gritaran al mundo: “Todavía estamos aquí, hijos de puta”. Lo mismo pasa con Paul McCartney, Roger Waters y algunos otros “viejos” rockeros. Ancianos octogenarios que podrían estar descansando en sus casas, viviendo de los royalties, y que, sin embargo, siguen creando, componiendo y tocando.

Siempre he creído que se puede envejecer con dignidad, y esos tipos son adalides de esa teoría. Quizá el tiempo no haya pasado tan deprisa para ellos; quizá sea yo quien ha aprendido que la edad no se calcula en años ni en arrugas, sino en la capacidad de seguir teniendo algo que decir, algo que hacer. Habrá que actuar como ellos, disfrutar de la música y del paso de los años. Concluyo con una frase de Keith Richards que siempre me ha parecido muy reveladora: “La música es un pozo del que nunca dejas de sacar agua”.

Miguel Ángel Rincón Peña

Viva Arcos.