Hace cosa de un mes estuvo por estas tierras un arcense residente en el Reino Unido, concretamente en Edimburgo. Es un buen tipo, me dio buenas sensaciones desde que nos conocimos en una Jam poética que organizara Plumabierta hace más de una década. Me estoy refiriendo a Pedro Pérez Linero, más conocido entre sus amistades por Pedrín. Este agosto, aprovechando que venía de visita a Arcos, el Ateneo Cultural Almajar, del cual él es socio, lo invitó a Prado del Rey para dar una charla sobre Plutón. Fue una bonita velada llena de versos, música en directo y ciencia. Días después, también ofreció otra charla algo más extensa sobre el mismo astro celeste en la azotea del Casino de La Unión.

Pedrín no es profesor, pero tiene una facilidad pedagógica admirable. Consigue, de manera natural, que sus charlas sean amenas e incluso divertidas, a pesar de tratar temas complejos para el común de los mortales. A mí, que me encanta todo lo relacionado con ese gran misterio que significa el universo, me pareció muy atrayente que Pedro eligiera Plutón, porque cuando yo iba a la escuela se le consideraba un planeta, pero, con el tiempo, la comunidad científica lo “degradó” a planeta enano. Todo ese proceso, lleno de historias y anécdotas, lo explicó perfectamente en sus dos charlas.

El protagonista de estas líneas, además de ser un enamorado de la astronomía, también lo es de la música y la literatura. Lo sigo por Instagram y, gracias a su proyecto Lyra (antes Stellarium), he ido descubriendo algunos cantantes y grupos musicales que no conocía, como Steven Wilson, Lacrimas Profundere o Silvertomb. En lo literario, nuestro amigo Pedrín ha escrito poesía y ha publicado en varias revistas culturales. Por cierto, otro Pedro, de apellido Sevilla, dedicó en diciembre de 2025 un artículo en este mismo periódico a Pérez Linero, con motivo del homenaje al grupo poético “Calima” que organizó el edimburgués de adopción. Decía entonces Pedro Sevilla, con bastante atino: “tiene cierto aire de mago, de Tamarit literario”. Así lo creo yo también.

Y llegado a este punto, pienso que no hay mejor manera de despedir la columna de esta semana que con un poema de nuestro querido mago de las estrellas:

“Se vierte la Luna, enciende / las azoteas del pueblo. / Riega los campos, los nutre, / y unos grillos, invisibles, / acentúan la quietud. / Evoca, en noches al raso, / una niñez indeleble / marcada por el asombro”.