Hacía tiempo que a mi hijo y a mí nos rondaba por la cabeza la idea de hacernos voluntarios en alguna protectora de animales. El ritmo de vida que llevamos, las prisas, el poco tiempo, hacían que no nos decidiéramos a echar una mano, pero pensamos que eso no podía ser excusa para ayudar a estas asociaciones tan necesarias en nuestros pueblos y ciudades. Hace un par de semanas, rellenamos el formulario y nos hicimos voluntarios en la asociación Dejando Huellas. Este y otros muchos colectivos trabajan altruistamente por el bienestar de los animales, en su mayoría gatos y perros abandonados. Entre las actividades que realizan, quizá la más importante (y difícil) sea la de encontrarles un buen hogar, una familia que les quiera y les cuide. Mientras tanto, son recogidos en las instalaciones de la asociación, donde atienden a todas sus necesidades.
En estas dos semanas que llevamos de voluntarios, he podido comprobar el arduo trabajo que realizan las voluntarias (hablo en femenino porque la inmensa mayoría son mujeres): alimentan, pasean, los llevan al veterinario, les hacen las curas, juegan con ellos, limpian las instalaciones, actualizan las redes sociales y la página web, etc. A cambio, reciben la satisfacción de salvar vidas, de ver cómo evolucionan esos animales que, cuando fueron rescatados, eran poco más que un saco de huesos tristes y desvalidos, y que, sin embargo, poco a poco, van mejorando tanto física como psicológicamente. Lamentablemente, hay mucha gente que no entiende esto. Aún hoy, a las puertas del año 2027, hay personas que creen que ciertos animales ni sienten ni padecen. En el caso de los perros de caza (galgos, podencos…), si no sirven o son ya viejos, se les abandona en cualquier carril, se arrojan a un pozo o se les descerraja un tiro y a otra cosa. O si el animal es un toro, ya ni les cuento. Esos, según algunos, no sienten dolor, nacieron para el disfrute del aficionado a la Fiesta. Yo creo que un país que maltrata a sus animales no es digno. Un país que, desde sus instituciones públicas, otorga subvenciones y promociona por todos los medios a su alcance esa obsoleta tradición que significa torturar a un animal en público no es digno.
El escritor Milan Kundera dijo que “los perros son nuestra unión al paraíso. No conocen el mal ni los celos ni el descontento”. Hacen falta más personas que se comprometan, en la medida de sus posibilidades, con la defensa y el cuidado de esos animales que nos unen directamente a la bonhomía. En Arcos, en Ubrique, en Prado, en Villamartín…, existen asociaciones que necesitan ayuda. Prueben a visitarlas algún día, si no lo han hecho aún.
Miguel Ángel Rincón.
Viva Arcos.
