Esta mañana leía una interesante entrevista a un profesor de Psicología que aseguraba que “la depresión tiene muchos trajes”. Hay quien no desea salir a la calle ni ver a nadie, que solamente quiere pasarse las horas en la cama o en el sofá. Pero también hay quien se esfuerza por aparentar cierta normalidad y sale a la calle con una sonrisa, aunque por dentro esté totalmente derrumbado. Cada persona es un mundo. Hay quien prefiere luchar contra la depresión sin la ayuda de la química, y hay quien se deja tratar a base de antidepresivos. Hay quien ni en pintura quiere ver a un psiquiatra y quien hace terapia hasta notar la mejoría. Cada cual lo lleva de una manera diferente. El profesor recomendaba que, cuando se sientan los primeros síntomas, se pida ayuda. Esa ayuda no solo puede venir de los profesionales; también hay que contar con las amistades (en situaciones así se comprueba quiénes son) y, por supuesto, con la familia. Entre todos pueden formar una barrera contra ese abismo que supone la depresión. Pero ojo con la manera de ayudar. La mayoría de las veces no estamos preparados para interactuar con alguien que está pasando por esa situación tan delicada. No podemos decirle algo como “sal a la feria y te despejas”, “hazlo por tus hijos”, “hay gente que está mucho peor”, etc.

No hay que intentar convencer de que no debería estar mal. Pienso que, a veces, es mejor no dar consejos, sino acompañar, decir algo así como: “Mira, no sé exactamente qué decirte para que estés mejor, pero si quieres, me quedo aquí contigo un rato”. Y no hay que hablar, no hay que hacer nada, solamente estar. Hay personas que ayudan tan solo con su presencia, que entienden que, cuando se está en lucha contra una depresión, no se quiere o no se puede expresar según qué sentimientos, porque no todos somos capaces, porque son cosas que duelen, que se agarran al pecho y no dejan respirar. Y, encima, tenemos aquí ya al otoño arropándonos con su aire fresco y sus nubes más o menos grises. Comienzan a caer las primeras lluvias después de un verano de calor avernal y, como todos los años, el ánimo de mucha gente se resiente. Imagínense cómo puede afectar el periodo otoñal a las personas que están pasando por una depresión…

Me tildarán de romántico, pero creo que la poesía puede aliviar un poco. Aquí les traigo unos versos de autoría discutida que durante años se atribuyeron a Benedetti: “No te rindas, por favor no cedas, / aunque el frío queme, / aunque el miedo muerda, / aunque el sol se ponga y se calle el viento, / aún hay fuego en tu alma, / aún hay vida en tus sueños, / porque cada día es un comienzo nuevo, / porque esta es la hora y el mejor momento, / porque no estás sola, porque yo te quiero”.

Miguel Ángel Rincón.

Viva Arcos.